19 de noviembre de 2023
San Martín de los Andes, una perla cordillerana con múltiples opciones para todo el año
Además de la práctica del esquí en el cerro Chapelco, la localidad cordillerana ubicada en la provincia de Neuquén permite disfrutar de la pesca, la caza deportiva, el montañismo, el andinismo, el rafting y el agroturismo, tanto en la temporada invernal, como en el verano.
Ubicada en plena cordillera y a la vera del magnÃfico lago Lácar, San MartÃn de los Andes desarrolló un permanente crecimiento que la llevó a convertirse en uno de los principales destinos turÃsticos de la Patagonia argentina.
Su emplazamiento urbano, de unas 14.000 hectáreas, es sede de la intendencia del Parque Nacional LanÃn, una de las áreas protegidas más importantes de la Argentina y donde se desarrollan la mayor parte de las actividades vinculadas con el turismo.
Su entorno natural privilegiado permite vivencias relacionadas con la naturaleza, como pesca, caza deportiva, montañismo, camping, andinismo, rafting y agroturismo, entre muchas otras, que la ubican como uno de los sitios preferidos para los visitantes, tanto en la temporada invernal, como en verano.
Recorrer sus montañas cubiertas de densos bosques nativos, arroyos cristalinos y gran biodiversidad es, además de un regalo para los ojos, un bálsamo de mejor calidad de vida.
Está unida al resto del paÃs por una completa red vial que permite acceder a la región desde distintos puntos, como la mÃtica Ruta 40 y el camino de los Siete Lagos, una de las maravillas de la zona. Por vÃa aérea se accede a través del aeropuerto Chapelco, distante a 22 km del casco urbano.
Las actividades para desarrollar en San MartÃn de los Andes son tan abundantes como diversas. Mientras que durante la temporada invernal la mayor concentración está en los deportes que tienen relación con la nieve y la excelencia de las pistas de esquà del Cerro Chapelco, durante el verano el abanico se abre hacia innumerables alternativas.
Una bicicleteada por la zona céntrica, por ejemplo, permitirá recorrer la calle San MartÃn, principal arteria de circulación, donde convergen la plaza principal, las oficinas de Turismo, el edificio municipal, la Intendencia del Parque Nacional LanÃn y las oficinas del Correo y el Banco de la Nación Argentina, además de la mayorÃa de los comercios.
Por la misma senda se desemboca en el lago Lácar, donde impacta su espejo color azul intenso rodeado de montañas.
El sector, conocido como Costanera, es la puerta de acceso al Parque Nacional LanÃn, ya que desde el muelle parten las excursiones lacustres a Quila Quina y Hua Hum, dos lugares donde la naturaleza impone el sosiego y el recogimiento y es posible realizar una serie de caminatas por distintos circuitos, como los miradores Arrayán y Bandurrias, y la cascada ChachÃn.
Las aguas del lago Lácar
El lago Lácar es uno de los imperdibles, con su desagüe hacia el océano PacÃfico, y puede recorrerse a bordo de una embarcación, con la vista de los cerros Bandurrias y Abanico que enmarcan una panorámica de inusual belleza.Las casi siempre mansas aguas son óptimas para practicar canotaje, kayak, velerismo, buceo y bicicletas de agua, que se pueden alquilar en el lugar, especialmente en el sector que ocupa el Club Náutico local, sobre la izquierda del muelle turÃstico.
Llegar hasta Quila Quina, caminar entre sus árboles añosos, asomarse a sus playas de piedra y arena de un espejo transparente invita al recogimiento, a llenarse los pulmones de aire puro.
El viaje dura aproximadamente media hora en barco, durante la cual se pueden disfrutar espléndidas vistas de los cerros circundantes, tales como el Abanico, el Colorado y la Piedra de Trompul, las playas del balneario y el camping de Catritre, junto a las casas pertenecientes a miembros de la comunidad mapuche que comercializa productos de sus huertas, venta de leña y artesanÃas, y la crÃa de ganado lanar.
La geografÃa del lugar conjuga de manera armoniosa el lago, la montaña y el bosque con un microclima de temperaturas que en verano alcanzan los 30º, ideales para el desarrollo de actividades al aire libre como caminatas, visitas a las pinturas rupestres, cabalgatas, paseos en bicicletas, pesca, náutica y excursiones en vehÃculos doble tracción.
Hua Hum es otro punto de sumo interés, hasta donde se puede llegar en barco o a través de una enripiada ruta 48, que conecta con Chile, en un paso fronterizo abierto durante todo el año.
Muy cerca al paso internacional, en las estribaciones de la denominada selva valdiviana y con especies vegetales únicas (lianas, epÃfitas, canelo, taique), el área concentra opciones turÃsticas tales como la pesca deportiva y la cercanÃa a otros destinos de interés como el lago y las termas de Queñi, la Cascada ChachÃn y el cruce hacia Chile.
Atravesando un verdadero túnel vegetal de cañas colihues y raulÃes, se arriba a la playa de Yuco; una penÃnsula de singular belleza, con bahÃas pequeñas de arena, rocas y aguas verdes cristalinas, rodeada de arrayanes e ideal para caminatas.
A doce kilómetros de Yuco, el lago Lácar se angosta y se transforma en el lago Nonthué, y a través del rÃo Hua Hum ingresa a Chile para formar parte del lago Pirehueico.
Por allà ingresaba antaño la madera que constituyó una de las bases de la consolidación de San MartÃn de los Andes hasta que la protección de las especies llevó al cierre de los aserraderos y la reconversión del lugar en un destino turÃstico.
La experiencia imperdible del rafting por el rÃo Chimehuin
Entre las opciones que ofrece San MartÃn de los Andes a sus visitantes está la posibilidad de realizar rafting por algunos de sus caudalosos rÃos, entre los que se encuentra el Chimehuin, con una dificultad calificada como Grado 2+.
Se trata de una navegación en un gomón por rápidos sencillos con cauces amplios y fácilmente divisables, que a veces requieren de pocas maniobras para esquivar obstáculos, y que se realizan mayormente con acciones controladas.
El rÃo Chimehuin está cerca de San MartÃn de los Andes, y la aventura comienza después de dejar atrás JunÃn de los Andes, hacia el oeste, donde la silueta del volcán LanÃn domina el paisaje.
Una vez en la base del rÃo, ya provistos de trajes de neoprene, cascos y chalecos y luego de una charla técnica sobre cómo comportarse sobre el bote y las condiciones de seguridad, es tiempo de iniciar la aventura.
La bajada por el rÃo tiene una duración de más de una hora y media, transitando el rápido de Sauce, la boca del Lobo, el pozón de las Viudas, la pared del Viento, la herradura y el canal.
Con el agua frÃa salpicando y empapando a los aventureros en cada obstáculo, incrementando la adrenalina, también están los tiempos de relativa calma que dejan una ventana abierta a la apreciación del bellÃsimo paisaje.
Atravesar los rápidos remando en forma conjunta y coordinada con el resto del equipo a bordo es una experiencia básicamente divertida, con la única complicación de terminar totalmente mojado por las frÃas aguas del Chimehuin y tener que permanecer asà hasta el regreso a la base, donde después de un cambio de ropa, se degusta una nutrida y caliente merienda.
La casa de té más antigua de la Patagonia está en San MartÃn de los Andes
A tres kilómetros de San MartÃn de los Andes se encuentra uno de los lugares más encantadores de esta ciudad: la casa del té Arrayán, construida en madera de ciprés y emplazada en la ladera de un antiguo camino de montaña que va hacia Bariloche, donde destaca la vista inigualable del azul y enorme Lago Lácar que se aprecia desde su terraza y ventanales.
Considerada como la casa de té más antigua de la Patagonia, se llega hasta allà en auto o caminando en modo trekking a través de un circuito sencillo que, además, posee varios miradores donde sentarse a contemplar la ciudad, el bosque autóctono y el lago.
El local, amoblado con mesas de madera y sofás, al abrigo de una chimenea que se instaló para su inauguración en 1936 de la mano de la inglesa Renée Dickinson, ofrece una variedad de veinte tés que se elaboran en el lugar con productos de la zona.
Dickinson se enamoró de este lugar por sus impresionantes vistas a la cordillera de los Andes, y fue tal el impacto que generó en ella el paisaje que quiso instalarse con un salón de té que, desde esa época, conquista comensales con sus platos cocinados a leña, tanto dulces como salados.
La construcción de la casa, que se inició en 1936 -un año antes de la creación del Parque Nacional LanÃn- y finalizó tres años después, estuvo a cargo del arquitecto Cullen, discÃpulo de Alejandro Bustillo, y fue declarada patrimonio histórico, arquitectónico y cultural en 1995.
Además de la casa de té, Arrayán cuenta con un sendero para pasear entre cuidados jardines, bosques de pinos, robles y cipreses, entre otras especies.
El recorrido tiene una duración aproximada de unos 20 minutos -muchos lo realizan mientras esperan su reserva- y permite apreciar la primera casa de Renée Dickinson, un anfiteatro natural, y el lodge de la propiedad.
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