Ansiedad, alegría y vítores por la llegada de las seis familias que vivirán en Esperanza por un año
El contingente incluyó a las parejas de cinco integrantes de la dotación de la base, el matrimonio de docentes fueguinos que estarán a cargo de la escuela y a 17 niñas, niños y adolescentes.
Por Julio Mosle, CorresponsalÃa itinerante Sector Antártico Argentino04-04-2023 | 20:21
El contingente incluyó a las parejas de cinco integrantes de la dotación de la base, el matrimonio de docentes fueguinos que estarán a cargo de la escuela y a 17 niñas, niños y adolescentes.
Esperanza fue inaugurada en 1952 por el general Edgar Leal con la premisa de construir un poblado habitado por familias que consolidara los derechos soberanos de Argentina sobre su territorio antártico. Es por ello que, a diferencia de otras bases construidas con edificios habitables comunes para todo el personal, en esta base hay un caserÃo con una vivienda independiente para cada miembro de la dotación que es acompañado por su familia. Además se levanta la emisora LRA 36 "Arcangel San Gabriel", de Radio Nacional; la Escuela N° 38 "Raúl AlfonsÃn", que depende de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur; una oficina postal, un museo y una capilla, entre otros servicios propios de una urbanización.
En la actual Campaña Antártica de Verano, cinco familias fueron seleccionadas de entre las que se presentaron como voluntarias ante el Comando Conjunto Antártico (Cocoantar). Y la sexta familia es la de los docentes de la escuela, que resultaron escogidos en un concurso de cargo orientado a parejas de docentes, el cual fue llevado a cabo por el Ministerio fueguino de Educación, Cultura, Ciencia y TecnologÃa.
El contingente incluyó a las parejas de cinco integrantes de la dotación de la base, el matrimonio de docentes fueguinos que estarán a cargo de la escuela y a 17 niñas, niños y adolescentes.
Esperanza, una base antártica que desde 1952 reivindica la condición bicontinental de Argentina
"Esta base es concebida en el marco del plan antártico que el coronel Hernán Pujato le presentó al presidente Juan Domingo Perón para consolidar la proyección argentina sobre la Antártida y afianzar nuestra reivindicación de bicontinentalidad", señaló el teniente coronel Gustavo Cordero Scandolo, otro de los integrantes de la dotación de Esperanza que ayer recibió a su familia para vivir con ella durante este año.
"Ese plan -añadió Pujato- tenÃa cinco puntos básicos: crear el Instituto Antártico Argentino, crear bases operativas al sur del paralelo 60, conseguir un lugar adecuado para instalar familias, disponer de un rompehielos para avanzar hacia la Antártida profunda y ejecutar una expedición terrestre al Polo Sur".
"Para el punto referido a la instalación de familias en nuestro territorio antártico se seleccionó como ubicación del emplazamiento la BahÃa Esperanza, que es el lugar en el que se habÃan instalado algunos de los náufragos de la expedición antártica sueca que fueron rescatados por la corbeta Uruguay al mando de Julián IrÃzar en 1903; allà se habÃa colocado un destacamento naval de la Armada Argentina y se llegó a la conclusión de que este entorno reunÃa las caracterÃsticas geográficas, climáticas y meteorológicas convenientes para construir lo que se bautizó en ese momento como FortÃn Sargento Cabral, que es el núcleo de viviendas que hoy conocemos como Base Esperanza", detalló el militar.
"Para todos los antárticos -continuó-, el primer objetivo que nos proponemos es ser seleccionados para invernar en alguna base antártica porque es muy difÃcil cumplir con todos los requisitos fÃsicos y psicológicos que implican venir un año a la Antártida. Hay que estar dispuestos a convivir y compartir todo con otras personas durante un largo perÃodo de tiempo y el esfuerzo de la convivencia se hace (algo) permanente".
"Si somos seleccionados y pasamos bien el curso que debemos hacer a lo largo de todo el año previo, seremos desplegados en alguna base. Y si durante ese año hicimos las cosas bien, a nuestro regreso (al continente) el comandante antártico nos entrega la aptitud especial con la que nos consideramos realmente antárticos", consideró.
Cordero Scandolo comentó que "todos los miembros de cada familia (seleccionada) hacen una preparación psicológica previa, especialmente los niños. Este año se retrasó el despliegue de las familias casi un mes, desde principios de marzo hasta principios de abril, por varios motivos logÃsticos y obras que debÃamos completar, como el nuevo laboratorio multidisciplinario de la base y el proyecto de hidroponia".
"Debido a ese retraso registramos algún bajón en el estado de ánimo de los chicos que veÃan como sus compañeritos arrancaban las clases y ellos empezaban de manera virtual. Ese entusiasmo que tenÃan en diciembre y enero, cuando terminaban sus preparativos para el viaje, mermaba en algunos casos con el paso del tiempo. Por eso fueron fundamentales nuestras parejas porque durante ese perÃodo acompañaban a los niños y los contuvieron hasta que pudimos encontrarnos todos de nuevo en Esperanza, donde seguro van a entablar fuertes amistades", añadió.
En el helipuerto de la base esperaban los cinco miembros de la dotación cuyas familias debÃan desembarcar. Cada vez que desde ese lugar se veÃa alguna aeronave elevándose sobre el rompehielos empezaban un torrente de preguntas para averiguar cuál o cuáles eran las familias pasajeras de ese vuelo. La ansiedad cedÃa cuando, al abrirse la puerta del helicóptero, algunos niños salÃan corriendo a fundirse en un largo abrazo con alguno de esos hombres.
Los integrantes de la dotación cuyas familias llegaron a la base acompañaron a cada una a su respectiva vivienda y contaron con un momento Ãntimo para el reencuentro dentro de cada una de las casas donde habitarán. No fue todo el tiempo que hubiesen deseado debido a que tenÃan una misión clave por delante: continuar con el intenso trabajo logÃstico que se desarrollaba en la costa y en el helipuerto para descargar todos los insumos y el combustible que la base necesita para sobrevivir al crudo invierno antártico.
Algunos de los que todavÃa tenÃan energÃa para recorrer parte de la base Esperanza durante la tarde del lunes eran los hermanos Pereyra, hijos del encargado de la base, el suboficial principal Claudio Pereyra.
Para SofÃa (16), "es algo muy raro estar en otro continente pero a la vez en nuestro propio paÃs. Es muy lindo para mà porque es la primera vez que veo tanto hielo por todos lados. Todo esto es mucho más que lo que me habÃa contado siempre mi papá. Hay que estar acá para entender y sentir toda esta belleza".
Uno de sus planes, anticipó a esta agencia, es concentrarse "mucho" en sus estudios y "aprender todas las cosas nuevas que pueda sobre la Antártida en general y este lugar en particular".
Y soltó con vehemencia: "¡En este año que vamos a estar acá no me voy a perder nada. Quiero pasear, ir a esquiar, subir montañas y hacer todo lo que se pueda hacer acá!".
David y Daiana son oriundos de la localidad santiagueña de Bandera Bajada, un paraje de menos de 1.000 habitantes, del cual emigraron con destino a la ciudad fueguina de RÃo Grande buscando cimentar un futuro familiar.
"Me siento muy orgullosa de estar acá, del logro personal, familiar y laboral que conlleva -abundó Daiana-. Es algo único no sólo por haberlo logrado, sino por todo el proceso que implicó: los debates familiares, la selección, la elaboración de un proyecto educativo que ahora pondremos en práctica".
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Y siguió: "Una vez seleccionados, empezamos a organizar toda la logÃstica para venirnos los cinco con todo lo que necesitábamos traer. Ya desde antes Ãbamos calculando cuánto gastábamos por mes de shampoo, pasta dental u otros productos personales que nos tenÃamos que traer para que nos dure todo el año".
La docente comentó que "las clases (en Esperanza) comenzaron de modo virtual a principios de marzo ya que por la (complejidad) logÃstica no pudimos llegar antes a la base. En breve iniciaremos la modalidad presencial".
En relación a sus orÃgenes en el paraje santiagueño Bandera Bajada, distante a unos 177 kilómetros por ruta de la capital provincial, Daiana comentó: "Lo poco que sabÃamos de la Antártida estaba en un libro escolar. Ver entonces que pudimos hacer todo lo que habÃa que hacer para llegar hasta acá, que vamos a cumplir una hermosa tarea educativa y que nuestros hijos disfrutarán de una experiencia única hace que no alcancen las palabras para describir cuán felices estamos". Mientras hablaba su mirada se posaba en la sorpresa exultante de sus hijos con las aves que volaban entre los hielos antárticos.
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