19 de enero de 2024
El Gordo Naldi: un comisario rico, famoso, mediático y de La Bonaerense
Su redonda figura se hizo habitual en la televisión, ya sea al frente de cinematográficos operativos policiales para los noticieros o en paneles de "expertos" en programas de actualidad. Mario Naldi fue todo un personaje de la fuerza bonaerense en tiempos de Menem, luciendo ropa comprada en Miami y una Magnum 357 en la sobaquera.
CorrÃa el mediodÃa del 10 de marzo de 1995 cuando el Tango 01 aterrizó en el Aeroparque Jorge Newbery. Pero en la cabina no se encontraba el presidente Carlos Saúl Menem sino una extraña comitiva: narcos colombianos y policÃas bonaerenses.
El primero en salir por la escotilla fue un tipo de enorme papada al que los movileros conocÃan de memoria: el comisario Mario Naldi. Bañado en sudor, grueso como nunca, con su Magnum 357 colgando de la sobaquera, el “Gordo†–como lo llaman todos– regresaba asà de Catamarca, donde habÃa obtenido el mayor trofeo de su existencia: 1.030 kilos de cocaÃna envuelta en bolsas estampadas con el águila rampante del Cártel de Cali.
En este punto cabe asentar una discordancia: los detenidos dirÃan luego que ellos en realidad poseÃan tres toneladas de droga. Sin embargo, pese a tan embarazosa revelación, tal pesquisa fue el broche triunfal de su carrera.
Esta culminó a fines de 1996, al trascender que su nombre aparecÃa en una escucha telefónica del llamado “caso Cóppolaâ€, en referencia al “garrón†que el representante de Diego Maradona padeció cuando otros policÃas de La Bonaerense le “plantaron†400 gramos de droga en un jarrón que adornaba su domicilio, en complicidad con el juez federal de Dolores, Hernán Bernasconi. Pero esa es otra historia.
La cuestión es que Naldi justo estaba Alemania, preparando los últimos detalles de la llamada “Operación Strawberry†–concebida como su próximo hito en la lucha contra el narcotráfico– cuando se enteró de que lo acababan de pasar a retiro. Pues bien, su reacción entonces fue como la de una orca a la que se le corta el camino en medio del mar. Tanto es asà que pasó a colaborar con los abogados de “Guillote†para poner al descubierto todas las trapisondas del magistrado, a quien atribuÃa su caÃda en desgracia.
Lo cierto es que todo habÃa sido fruto de un lamentable malentendido: el mencionado en la escucha no era precisamente Naldi sino un comisario mayor de la PolicÃa Federal cuyo apellido era Nardi.
Pero el destino del “Ñoño†–otro de sus apodos– ya estaba sellado.
El arte de la elegancia
Me lo encontrarÃa unos meses después en una confiterÃa ubicada en la esquina de Córdoba y Paraná. Fue como si Walt Disney se hubiera topado con Mickey Mouse, ya que por esos dÃas yo escribÃa –junto con Carlos Dutil– el libro “La Bonaerenseâ€, en el cual él era uno de sus protagonistas principales. Ello pareció entusiasmarlo. Y me propuso seguir la conversación en una pequeña oficina que tenÃa a media cuadra.
Allà se despachó durante horas con opiniones de todo tipo. Visiblemente herido, no dejaba de transpirar mientras culpaba de su desdicha a una campaña orquestada por el narcotráfico, de la que se hacÃa eco la prensa y –de acuerdo a sus palabras– “los envidiosos de siempreâ€.
Y fundamentó esto último con elocuencia:
–Fijate nomás a quienes atacan: al “Chorizo†RodrÃguez (otro dignatario de la “Maldita PolicÃaâ€) y a mÃ, que somos las dos estrellas de la Fuerza. ¿Cuál fue nuestro pecado? Haber sido los más exitosos. Es cierto que él se quedó un poco persiguiendo a ladrones.
Pero fue exitoso. Yo, hace tiempo que dejé eso y me especialicé en casos resonantes. Soy el tipo más felicitado de la Fuerza, querido… –reflexionó en voz alta, mientras se llenaba la boca con el aire que siempre parece faltarle y la saliva que habitualmente le sobra.
En esa oportunidad, se ensañó con el entonces jefe de La Bonaerense, comisario Adolfo Vitelli, por haberle bajado el pulgar.
Tal vez en ello existiera un encono, motivado por un episodio ocurrido muchos años antes en una comisarÃa de San MartÃn, donde ambos compartÃan las tareas propias de los oficiales jóvenes. El asunto fue asÃ: Naldi jugueteaba con una pistola 9 milÃmetros cuando se le escapó un disparo que fue a dar en un glúteo de su compañero, algo que éste jamás le perdonó.
Al recordarle esa travesura involuntaria, el Ñoño no dijo nada, aunque sonrió con un dejo malicioso, antes de pasar a otro tema. Pero, al referirse a su holgada situación patrimonial, exclamó indignado:
– ¡Dicen que soy chorro porque ando bien vestido!
Pronunció esa frase señalándose la ropa sin disimular su orgullo. LucÃa un saco rojo fucsia, camisa rosa salmón y mocasines blancos.
El detective millonario
Nacido a comienzos de 1948 en el seno de una familia de clase media, ingresó a la Escuela de PolicÃa “Juan Vucetich†en 1966. Y su primer destino fue en la zona Norte, donde años después alcanzarÃa renombre.
Ya por aquel entonces llevaba un tren de vida rumboso: jugaba al rugby en el club Los Matreros, andaba en auto propio y veraneaba en Punta del Este.
Su –dirÃase– movilidad social fue el resultado de ciertas actividades paralelas: vigilancias y custodias privadas. Pero esos emprendimientos –según él– no le posibilitaron más que “algún lindo departamentito y buena ropaâ€.
El gran salto le llegó en 1973. Ese año se casó con Mónica Sergio, hija de un empresario metalúrgico.
–Mi suegro tenÃa una fundición y propiedades. Asà es que yo tuve que vivir bien. No me podÃa quejar, admitió con una sonrisa ladeada.
Naldi ya tenÃa 25 años y prestaba servicios en la Brigada de San MartÃn con el grado de oficial inspector. La suerte la llegarÃa toda junta, puesto que en ese año fue trasladado a Robos y Hurtos, en Banfield, para integrar el llamado “Grupo Polarisâ€, dedicado a investigar secuestros extorsivos. Y cabe destacar que llegó allà acompañado por dos colegas que, para él, definen el “nosotros†dentro de la Fuerza: Oscar “Cocodrilo†Rossi y Ramón Orestes Verón.
La vieja sede de Robos y Hurtos se convirtió en el “Pozo de Banfieldâ€, uno de los centros clandestinos de la última dictadura. Claro que Naldi tiene una explicación para todo:
–A mà nunca pudieron vincularme con los derechos humanos. Nunca me agarraron en nada, querido –soltó, desafiándome a encontrarlo en las listas de la Conadep.
Ya en los ’80, trabó una provechosa relación con el juez federal de San Isidro, Alberto Piotti, y ambos se las ingeniaron para trabajar codo a codo. Los desarmaderos de la zona fueron el escenario predilecto de sus andanzas. Pero, pese al empeño puesto por ellos en los procedimientos, siempre parecÃa faltar algo: los detenidos eran puestos en libertad y los galpones allanados volvÃan a funcionar nuevamente. Piotti y Naldi dejaron la zona Norte al mismo tiempo.
El nuevo juez federal de San Isidro, Roberto Marquevich, le inició seis sumarios por “irregularidades†cometidas en otros tantos procedimientos. Sin embargo, allà no culminarÃa el lazo entre el policÃa y el magistrado, dado que ellos terminaron consumando una serie de pesquisas no menos irregulares.
En 1991, Naldi fue trasladado a la Brigada de Mercedes, con asiento en Luján. Allà se dedicaba a “cortar†vehÃculos un tal Ernesto Laginestra. Era el hijo del legendario pistolero homónimo, apodado “Pichónâ€. Poco después, su cadáver apareció en un descampado. Los vecinos aseguraban que los hombres de Naldi fueron sus ejecutores. El Gordo, por supuesto, lo negó.
Por aquellos dÃas, ya habÃa logrado un inocultable bienestar económico. De hecho, se le adjudicaba una lujosa mansión en Devoto, seis propiedades en Uruguay, una propiedad en Fort Lauderdale y otra en Orlando, además de un yate valuado en 600 mil dólares que –se dice– tuvo que malvender después de que su existencia trascendiera en un medio periodÃstico.
El cenit de su carrera fue la División Norte de Narcotráfico. Y luego de pasar a retiro se convirtió en agente inorgánico de la SIDE –siendo su amigo, el afamado agente secreto Antonio Stiuso, quien le abrió allà las puertas– una ocupación que supo alternar con la actividad privada.
La solución global
En abril de 1997, cuando “La Bonaerense†fue publicado, el bueno de Naldi montó en cólera y, durante una charla telefónica con un colega, bramó:
–¡Este libro tiene vuelto! ¡Ya me los voy a encontrar a esos dos!
En octubre de aquel año, cuando mi amigo Dutil falleció por un infarto cuando realizaba una nota en una selva de Guatemala, Naldi tuvo el gesto de llamarme. Su pesar sonaba genuino. Por esos dÃas, él ya regenteaba la consultora Global Solution, que habÃa sido constituida en sociedad con los comisarios Rossi y Verón.
Aquella empresa era como una suerte de cúpula policial en las sombras, a la que respondÃa –según se afirmaba dentro de la Fuerza– “aproximadamente un tercio de su oficialidadâ€.
Dicen que su tarea inicial fue desestabilizar la primera gestión de León Arslanian en el Ministerio de Seguridad provincial, blanqueando los negocios sucios de La Bonaerense, a la vez que utilizaba sus contactos policiales para efectuar tareas de inteligencia.
Pero desde esa fachada empresarial, el Ñoño y sus dos socios también intervinieron como mediadores en algunos secuestros extorsivos, entre los que resalta el del chico Juan Anceschi, de Ramos MejÃa. Esta actividad cerraba: tras el pago del rescate, los negociadores retenÃan una parte del rescate y la vÃctima recuperaba la libertad.
Durante el interinato de Eduardo Duhalde en la Casa Rosada, entre la clientela de Global Solution habÃa funcionarios del Poder Ejecutivo, personal jerárquico de la SIDE y también altos ejecutivos de Canal 9. Por eso, el Gordo solÃa ser un panelista habitual en sus programas periodÃsticos, pero también fue un gran proporcionador de materiales exclusivos; un ejemplo: las escuchas del secuestro del papá de Pablo Echarri, don Antonio, emitidas por su pantalla antes de que llegaran al juzgado.
Mi último encuentro con él fue durante aquella época en un estudio de TV. Por entonces, mi hija menor era aún una beba. Al enterarse de eso, Naldi se acomodó la Magnum 357 que portaba en la cintura, antes de sorprenderme con la siguiente pregunta:
–¿Qué pañales le comprás, querido?
Yo le dije una marca.
Pero él, que poco antes también habÃa sido padre, tuvo la deferencia de recomendarme otra con un argumento inapelable:
–Son más absorbentes, cuestan menos y traen más.
Dicho esto, volvió a acomodarse la Magnum y siguió su camino. Desde entonces, sus apariciones mediáticas se hicieron más espaciadas, hasta licuarse por completo.
Ahora es, simplemente, un fantasma del pasado.
COMPARTIR:
Notas Relacionadas
El PJ encontró en la defensa a Lula da Silva y la visita de Georgieva un nuevo eje para un acuerdo interno
El peronismo alineó su posicionamiento sobre la relación de Argentina con Brasil y la relación con el FMI. Sigue las divisiones, pero aparecen temas donde confluyen acuerdosLa AGN detectó graves irregularidades en el Plan Nacional de Vivienda durante las gestiones de Macri y Fernández
El informe del 28 de agosto de 2024 advirtió obras detenidas, unidades adjudicadas sin finalización y remesas a cuatro provincias sin verificación efectiva, tras revisar 28 acuerdos del Programa 38 y extender el relevamiento hasta marzo de 2024Nombraron tres nuevos funcionarios que ocuparán roles claves en Seguridad, Justicia y la Jefatura de Gabinete
Se trata de Gonzalo Del Huerto como Subsecretario de Relaciones Parlamentarias, Matías Manfredi en la Subsecretaría de Relaciones con el Poder Judicial y la Comunidad Académica y de Enrique Braun de Corral en el cargo de Subsecretario de Articulación FederalComentarios
Comentarios
Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno.
