Miercoles
25 de Marzo de 2026
19 de agosto de 2024
El auto vivió aquellas jornadas muy cerca de la comitiva argentina y hace una mirada retrospectiva de la novena defensa de la corona del santafesino. Delon, fallecido este domingo, resultó un protagonista estelar, y a partir de allí edificó una profunda amistad con Monzón
Lo que sucedió después fue que Monzón le pidió a Lectoure – quien en la esquina le impidió a Locche salir para el 10° asalto – que por favor le hiciera la pelea con el tal Mantequilla. Para Monzón, el extraordinario boxeador cubano radicado en México, campeón mundial de peso welter e Ãdolo en toda Latinoamérica no le resultaba conocido; se dirÃa que lo ignoraba.
Yo no sabÃa entonces que el libro de la pelÃcula “La Mary†que Daniel Tinayre le habÃa dejado a Tito Lectoure para que apoyara el debut de Monzón en el cine, también significarÃa el lanzamiento de Susana Giménez como actriz. Y que la pasión entre ambos darÃa nacimiento a un célebre y tortuoso romance.
Tampoco sabÃa que Alain Delon, acaso el más bello galán de la época, se asociarÃa con el promotor italiano Rodolfo Sabbatini –hasta entonces exclusivo representante de Monzón en Europa- para iniciar su carrera como empresario de boxeo que derivó en una entrañable amistad con Carlos. Tanto que hubo de visitarlo en la cárcel de Las Flores (1993) mientras cumplÃa su condena por la muerte – hoy femicidio- de Alicia Muñiz. Por cierto que ya habÃa visto a Delon como espectador en la revancha contra Jean Claude Bouttier de quien era muy amigo y antes en Montecarlo para no perderse la Monzón-Benvenuti II. Pero claro medio siglo atrás, lejos estaba de suponer sobre la cercana amistad que habrÃa de generarse entre ellos y todo el significante de aquella frÃa noche parisina.El camarÃn era una casa rodante. Allà adentro encontré a todos los integrantes del equipo argentino dos horas antes del match. Monzón estaba tirado en una camita mientras Brusa y el profesor Patricio Russo – el P.F-, masajeaban a Norberto Rufino Cabrera en la cocina. Cabrerita y Gonzalito –Daniel González- eran los sparrings y amigos de Monzón, quienes generalmente combatÃan en las peleas preliminares. La dimensión total no llegaba a los dos metros. Tito y Brusa -más de 1.85 cada cual - no podÃan estar juntos al mismo tiempo; uno de los dos debÃa salir cada tanto. Era notable ver cómo Monzón tomaba agua de una canilla en el corazón de la pequeña cocina. Por supuesto, no habÃa ducha y todo el baño lo componÃa un pequeñÃsimo recinto con lo más elemental. Estar allà dentro en vÃsperas de un campeonato del mundo resultaba tan extraño que me llamó más la atención la casa rodante que todo cuanto pudieran decir Cabrera, Monzón o Gonzalito. Un calefón a gas en un camarÃn, más una cama por mesa de masajes, más una cocina como sala de precalentamiento, nunca lo habÃa visto. Y cuando los muchachos se pusieron a saltar para soltar los músculos, el “camarÃn†comenzó a moverse como si en cualquier momento alguien pusiera la primera y la casa rodante comenzara a desplazarse…
Bendiciones de la profesión poder vivir todo aquello y además entre tanto glamour, tanto boxeador y tanto artista –Jean Paul Belmondo, Ives Montand, Lino Ventura, entre otros- el privilegio de chocar con Julio Cortázar. El célebre escritor, orgullo de la literatura de nuestro idioma, era fanático del boxeo. De hecho el autor de Torito solÃa pegarle a la bolsa de tanto en tanto y siempre siguió al pugilismo con pasión. Acaso a Cortázar le importarÃan más las historias que los golpes. Y vaya si el boxeo y su universo las ofrecÃa. De imponente presencia bajo un camperón oscuro, un pantalón de corderoy amarillento, borceguÃes sin brillo y una boina miliciana, Cortázar tomó asiento en la fila tres y nunca dejó de pitar un cigarrillo de tabaco negro fácilmente detectable por el fuerte aroma de su humo en el espacio cercano.
De hecho que tampoco sabÃa 50 años atrás que aquel combate lo inspirarÃa a Cortázar para escribir su famoso cuento “La noche de Mantequilla†e incluirlo en su libro “Alguien anda por ahÃ…â€. Era tal interés por la pelea, tan grande la expectativa que Cortázar lo proyecta a un hecho policial sólo factible en coincidencia con un evento que concita el interés generalizado.. Y lo comienza asÃ: “Eran esas ideas que se le ocurrÃan a Peralta, él no daba mayores explicaciones a nadie pero esa vez se abrió un poco más y dijo que era como el cuento de la carta robada, Estévez no entendió al principio y se quedó mirándolo a la espera de más; Peralta se encogió de hombros como quien renuncia a algo y le alcanzó la entrada para la pelea, Estévez vio bien grande un número 3 en rojo sobre fondo amarillo, y abajo 235; pero ya antes, cómo no verlo con esas letras que saltaban a los ojos, Monzón Vs. Nápoles. La otra entrada se la harÃan llegar a Walter. Después de seis asaltos, se veÃa un Monzón con gran dominio sobre su presa que lucÃa sin vigor y casi indefenso ante la terrible andanada de golpes de todo calibre sobre su anatomÃa ...â€. El asiento 235 de la fila 3, se presume, era su propio asiento y desde allà se advirtió su espontáneo aplauso cuando el referà le levantó el brazo a Monzón mientras Mantequilla meneaba la cabeza exhausto en el banquillo de su esquina, como no entendiendo qué es lo que le habÃa pasado.Ese final de nota lo escribà para El Gráfico de la siguiente manera:-Entonces mejor la paramos – le contestó su segundo, por entonces también entrenador de Muhammad Ali.
Dundee llamó al referà y le dijo que la pelea no seguÃa. En el rincón de Carlos, en ese momento, no se dieron cuenta del hecho. Ni siquiera Monzón, sentado y mirando de frente lo advirtió. Cuando sonó la campana el referà francés Raymond Baldeyrou no le permitió a Monzón salir de su esquina, luego llegó hasta el centro del ring, corroboró oficialmente que Nápoles no salÃa y regresando al medio del cuadrilátero tomó el brazo derecho de Carlos y lo levantó en gesto de triunfo. El aire de ParÃs parecÃa más puro. Monzón habÃa defendido por 9° vez su corona. Era invencible.
Tras el triunfo, aquella casa rodante pareció moverse por la euforia y los abrazos. Todos festejaban menos dos señores con sobretodos negros y guantes de látex en sus manos exhibiendo los frasquitos en los que intentaban en que Monzón orinara para las muestras del dóping. En medio de la confusión, Alain Delon le dijo a Lectoure: “Tito, lo antes posible en el Lido, por favor, que nos están esperandoâ€. Lectoure le dijo a los señores “vengan al Hotel Meridien, nos tenemos que irâ€. La ducha y el cambio de ropa la realizamos en un suspiro. Cuando llegamos a la planta baja los dos señores de sobretodo negro y guantes de látex insisitieron con recoger la muestra de orina. Fue entonces cuando Tito Lectoure les dijo: “Ahora vamos al Lido, esperen acá, a la vuelta, a la vueltaâ€. Por cierto que los señores esperaron, pero vanamente, porque nunca Monzón dio la muestra de su orina. Al regresar de la fiesta, fueron otros quienes orinaron en su lugar y por eso le sacaron la corona del CMB.