10 de agosto de 2026
Los perros pueden distinguir emociones humanas con solo mirar el rostro, revela un estudio
Científicos de Austria, Hungría y México escanearon el cerebro canino para descubrir hasta dónde llega su capacidad de "leer" lo que sienten las personas
El cerebro de un perro puede distinguir si una persona está feliz, asustada o enojada con solo ver su cara.
Científicos de Austria, Hungría y México emplearon la tecnología de la resonancia magnética funcional y descubrieron que los canes procesan las expresiones faciales humanas de una forma mucho más sofisticada de lo que se creía. Publicaron el hallazgo en la revista iScience.
El cerebro canino no solo separa lo positivo de lo negativo: también diferencia algunas emociones negativas entre sí, como el miedo de la tristeza o el miedo de la ira. Esto tiene implicancias directas para entender cómo los perros leen a las personas y cómo se construyó, a lo largo de miles de años, la relación entre humanos y perros.
El estudio fue realizado por Raúl Hernández-Pérez, Luis Concha, Attila Andics, Rodolfo Bernal-Gamboa y Laura Cuaya, de la Universidad de Viena, en Austria, la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, en Hungría, y el Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Los experimentos anteriores siempre comparaban solo dos expresiones a la vez —una positiva y una negativa—, lo que dejaba abierta una pregunta: ¿los perros perciben diferencias reales entre emociones, o solo detectan si algo es "bueno" o "malo"?
Tampoco se sabía qué pasaba en el cerebro canino al ver una cara desconocida, ni si era capaz de separar dos emociones negativas distintas entre sí.
Para responder esas preguntas, los investigadores usaron resonancia magnética funcional —conocida como fMRI— en perros despiertos y les mostraron caras de personas que nunca habían visto.
La hipótesis era que el cerebro canino no solo procesa la alegría de forma diferente al miedo o la tristeza, sino que también puede distinguir entre esas emociones negativas.
El estudio se dividió en dos experimentos. En el primero, ocho perros de familia —seis border collies, un labrador y un golden retriever— vieron fotos de caras felices y caras neutras mientras el escáner registraba su actividad cerebral.
En el segundo, doce perros vieron caras con cuatro expresiones: felicidad, tristeza, ira y miedo, todas de personas desconocidas.
Los investigadores midieron la señal BOLD, que indica qué zonas del cerebro consumen más energía y están más activas.
Usaron un clasificador de aprendizaje automático, un programa de inteligencia artificial entrenado para reconocer patrones cerebrales, junto con el análisis de similitud representacional (RSA), que busca patrones en todo el cerebro.
Las caras felices activaron una zona del hemisferio derecho: la corteza temporal, que se extiende hasta el núcleo caudado, una estructura vinculada al procesamiento de recompensas como la comida o los olores familiares.
El clasificador distinguió la cara feliz de cada expresión negativa, pero no logró diferenciar entre dos expresiones negativas dentro de esa misma región.
El análisis de todo el cerebro reveló lo que los investigadores describieron como la primera evidencia de su tipo: el cerebro canino sí diferencia algunas emociones negativas entre sí.
La región llamada giro suprasilviano rostral derecho separó la tristeza del miedo; el giro ectosilviano medio derecho y el giro esplenial izquierdo separaron la ira del miedo. La tristeza y la ira, en cambio, no mostraron diferencias cerebrales detectables.
Los investigadores aclararon que esto no significa que los perros entiendan las emociones como los humanos.
Según escribieron los investigadores, los hallazgos indican que "el cerebro del perro puede distinguir entre expresiones faciales humanas positivas y negativas, y entre algunas expresiones faciales negativas", pero los patrones cerebrales muestran separación representacional, no comprensión semántica.
Eso significa que el perro no "sabe" qué siente una persona, pero su cerebro sí registra que esas caras son distintas.
La investigación concluyó que "el cerebro canino posee una representación de las expresiones faciales humanas que va más allá de la simple clasificación por valencia" —donde valencia indica si una emoción es positiva o negativa—.
Las caras felices, incluso las de desconocidos, parecen ser procesadas como estímulos de recompensa en el cerebro del perro.
Los investigadores advirtieron que la mayoría de los perros eran border collies, una raza con alta capacidad para seguir señales sociales, por lo que los resultados no pueden generalizarse a todas las razas.
El uso de fotos estáticas en lugar de expresiones en movimiento fue otra limitación reconocida. Los próximos pasos incluyen estímulos que combinen imágenes y sonidos y una perspectiva más centrada en el perro, "para determinar si los patrones neurales reportados aquí se extienden a señales emocionales más naturales".