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27 de julio de 2025

Encuentran en Galápagos una especie de coral que se creía extinta tras más de 20 años

Científicos hallaron más de 250 colonias de Rhizopsammia wellingtoni, que no se registraba desde el año 2000, reavivando la esperanza para su conservación en medio del cambio climático

>Un Más de 250 colonias sanas de Rhizopsammia wellingtoni, especie endémica de este archipiélago ecuatoriano, fueron localizadas por un equipo internacional de biólogos en enero de 2024, aunque los resultados fueron publicados recientemente, según informó Smithsonian Magazine.

El hallazgo, realizado por investigadores de la California Academy of Sciences y la Charles Darwin Foundation, representa el primer registro oficial de la especie desde el año 2000 y reactiva el interés por la conservación marina en una de las regiones más emblemáticas del planeta.

La expedición científica responsable del redescubrimiento de Rhizopsammia wellingtoni no tenía como objetivo inicial buscar este coral. Según Smithsonian Magazine, los investigadores buceaban al sur de Tagus Cove, en la Isla Isabela, en busca de una nueva babosa marina cuando, de manera fortuita, encontraron más de un centenar de colonias del coral en un arrecife rocoso a 12 metros de profundidad.

Terry Gosliner, curador principal de zoología de invertebrados y geología en la California Academy of Sciences y coautor del estudio, relató al medio: “Realmente fue una casualidad”. Asimismo, aseguró que el equipo celebró el hallazgo con muchos saludos bajo el agua.

Rhizopsammia wellingtoni es única y exclusiva de las Islas Galápagos, un archipiélago volcánico a unos 965 kilómetros de la costa continental de Ecuador. El primer ejemplar fue recolectado en 1974 y la especie recibió su nombre en 1982 en honor al biólogo Gerard M. Wellington, de la Universidad de Houston, quien la descubrió.

A diferencia de otros corales que forman grandes estructuras, R. wellingtoni es solitario: cada pólipo vive de forma independiente en su propio esqueleto.

Históricamente, este coral habitaba las aguas frías y someras que rodean las Galápagos, con temperaturas entre 15 y 26 °C. Sin embargo, su biología especial le permite sobrevivir en condiciones consideradas adversas para otros corales.

El destino de R. wellingtoni estuvo profundamente afectado por el fenómeno El Niño de 1982-1983, que elevó la temperatura oceánica y causó el colapso de sus poblaciones. Luego de ese evento, el coral fue visto en pocas ocasiones y, en 2007, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasificó como “en peligro crítico” y posiblemente extinto.

Según los autores del estudio, las colonias detectadas podrían reflejar una “persistencia de baja densidad”, es decir, pequeños grupos dispersos en el archipiélago que lograron sobrevivir.

El redescubrimiento de R. wellingtoni se produce mientras los arrecifes de coral atraviesan su cuarto evento global de blanqueamiento, el más extendido hasta el momento y que afecta al 83,9% de la superficie arrecifal mundial, de acuerdo a Smithsonian Magazine. Este fenómeno, impulsado por el incremento de la temperatura oceánica, amenaza a múltiples especies y ecosistemas marinos.

A esto se suma que el reciente ciclo de La Niña (2020-2023) habría enfriado el océano, facilitando el regreso de la especie a zonas menos profundas.

R. wellingtoni presenta una característica crucial para su resistencia: no depende de algas fotosintéticas (zooxantelas), las cuales suministran nutrientes a la mayoría de corales pero requieren abundante luz solar. En cambio, este coral puede sobrevivir en condiciones de escasa luz, colonizando la zona mesofótica, entre 30 y 150 metros de profundidad.

Esta capacidad convierte a R. wellingtoni en un “centinela del cambio climático”, ya que su sensibilidad a las variaciones de temperatura derivadas de fenómenos como El Niño y La Niña puede alertar a la ciencia sobre futuros cambios oceánicos.

Pese al optimismo, los investigadores mantienen cautela. Para conocer mejor la situación de la especie, recolectaron muestras frescas de tejido para analizar su diversidad genética. El estudio de la variabilidad entre colonias permitirá evaluar su aptitud para repoblar zonas impactadas por el ambiente y responder a futuros episodios estresantes.

El caso de Rhizopsammia wellingtoni evidencia la complejidad de los procesos de extinción y resiliencia en el océano. Los científicos coinciden en que la especie, por su sensibilidad ante los cambios térmicos y su biología particular, puede funcionar como indicador temprano de los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos.

Según Smithsonian Magazine, monitorear especies catalogadas como extintas o en peligro crítico es fundamental, debido a que su reaparición revela lecciones valiosas de adaptación y supervivencia en un entorno planetario en constante transformación.

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